Ésta es una tarde de tantas en las que uno dice “Todo está aburrido”. Son vacaciones, no hay trabajo, no hay clases, no hay gente en casa, no hay niños que corran por la calle, no hay señoras que chismeen con las demás, no hay señoritas que modelen para deleitar al gusto visual, no hay nadie en el chat, no hay algo que consultar en Internet. Eso sí, hay suciedad en la casa pero no hay ganas de limpiar.
El aburrimiento abarca desde la amplia calle que ve el romance del sol tras la montaña hasta el rincón -de mi casa- que nunca sabe si es de día o de noche. Ya sea que uno repase los canales de la televisión -abierta- para encontrar las series clásicas con sus episodios típicos en las televisoras comunes y corrientes. Ya sea que uno repase los sillones, las sillas, camas (y hasta el piso) para encontrar una buena postura que ayude a postrar el aburrimiento y a su vez la güeva.
Ya uno no sabe si leer o no leer. Y si leer, qué leer. Talvez sería bueno retomar esa lectura del libro que hemos dejado meses atrás. A final de cuentas, en estas tardes la dispoción del aburrimiento es en toda disposición para con uno -¡Qué amable!
Maldito sea el aburrimiento que trae consigo la melancolía. Maldita sea la tarde que le acompaña. Maldita sea el aburrimiento vivido en soledad. Maldito, y tantas veces maldito seas aburrimiento. Tú y quién sea que te acompañe.